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La emoción de comprar casa

Es habitual leer artículos sobre la compraventa de viviendas siempre centrados en datos como la evolución del sector, el número de operaciones cerradas, las rentabilidades, etc…

Son artículos que intentan explicarlo todo desde el punto de vista económico y leyéndolos da la impresión de que lo único que necesitamos para hacer una buena compra es tener una calculadora al lado y un periódico financiero.

Pero en la práctica nada es tan sencillo como en la teoría. Es evidente que variables como el tipo de interés, la previsión de inflación e incluso la situación política tienen una gran influencia y son datos que debemos tener en cuenta, pero hay otras variables que no solemos contemplar y que no deberíamos perder de vista. Las emociones.

Y es que la compra de un inmueble, como todas las decisiones que tomamos, tiene un alto componente emocional.

Será Por Casas

No sólo compramos algo porque sea un buen negocio, también lo hacemos porque nos gusta. Y está claro que comprar casas nos gusta. Mucho. No hay más que preguntarle a cualquiera qué haría si le tocase la lotería. Puedes apostar un café a que entre sus tres primeras decisiones está comprarse una o incluso varias casas. Y da igual que se lo preguntes en el peor momento de la peor crisis o en el pico de una burbuja, la respuesta va a ser siempre la misma porque no depende de variables económicas sino de un deseo.

Pero qué es lo que hace tan atractiva, al margen de los números, la inversión inmobiliaria. Veamos.

La primera pista la tenemos en el nombre o, mejor dicho, en los nombres. Cuando hablamos de comprar una casa hablamos de invertir en activos reales. Reales, nada de conceptos que requieren un acto de fe o un esfuerzo de teorización. Una casa es algo real, sólido, que puedes ver, tocar y enseñar. Y como todos somos un poco Santo Tomás, nos inspira más confianza lo tangible que lo abstracto. Pero es que además de reales, también decimos que son bienes inmuebles o bienes raíces. ¿Y puede haber algo que trasmita más seguridad que algo que está anclado al suelo? Al comprar una casa estamos comprando algo que no sólo podemos ver y situar físicamente en el mundo real, si no que además va a estar siempre ahí porque nadie puede cargárselo a la espalda y llevárselo, ni tampoco podemos extraviarlo en una mudanza o en un despiste. Un inmueble es por definición una propiedad que no puede moverse del lugar en el que está. Así que estamos comprando algo que es, está y estará.

Pero es que además tiene uno de los puntos claves en una inversión : es sencilla. Warren Buffet, uno de los más grandes inversores del mundo, dice que para invertir en un negocio es fundamental entenderlo, y puedo asegurar que nunca hemos tenido que entregar una “guía de uso” a nuestros compradores, ni organizamos cursos sobre “qué hacer con tu casa nueva”. Una casa es algo que todos entendemos y que básicamente sirve para vivir en ella o para que vivan otros previo pago de un alquiler, que además puede venderse consiguiendo un beneficio o simplemente podemos dejar “estar ahí” a la espera de que decidamos hacer algo. Fácil. Claro que en la práctica es más complicado y se hace necesario un análisis objetivo que nos evite meternos en un mal negocio que nos haga perder dinero, pero a las emociones todo esto les da un poco igual. La sensación, a primera vista, es que invertir en ladrillo es realmente simple.

Y por último pero no menos importante, invertir en vivienda tiene la bendición de la sociedad. Para comprobarlo basta con hacer un pequeño experimento. Dile a tus allegados que has decidido invertir todos tus ahorros en un fondo de inversión con más de veinte años de experiencia y con unos intereses anualizados del 10%. Es probable que cuanto más te aprecien tus amigos más vehementes sean en su intento por hacerte cambiar de opinión. Cuando veas que se empiezan a angustiar ante tu decisión diles que no, que es broma, que lo que vas a hacer es comprar un edificio. Su actitud cambiará por completo y te felicitarán sin necesitar más datos sobre tu inversión porque si es en ladrillo tiene que ser buena (Por cierto, este experimento es mejor hacerlo con amigos, porque puede ser un susto demasiado grande para la mayoría de padres).

En definitiva, comprar una casa es algo que nos trasmite seguridad, solidez y rentabilidad, y que nos resulta emocionalmente atractivo y engañosamente sencillo. Ante una propuesta de inversión en inmuebles tenemos tendencia a decir que sí sin demasiados análisis ni valoraciones, y esto nos puede llevar a ignorar todas las señales de alerta y a comprar por encima del precio o en el lugar y el momento equivocados.

Por eso es importante contar con un profesional que de manera objetiva nos acompañe y nos asesore en una decisión tan importante. Con la ayuda de un consultor inmobiliario tendrás la tranquilidad de estar tomando tu decisión con todos los sentidos.

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